A Veces Creemos que Conocemos a Dios

Primero, se puede conocer mucho acerca de Dios sin tener mucho conocimiento de él.
Estoy seguro de que muchos de nosotros nunca nos hemos dado cuenta de esto.
Descubrimos en nosotros un profundo interés en la teología (disciplina que, desde luego, resulta sumamente fascinante; en el siglo diecisiete constituía el pasatiempo de todo hombre de bien). Leemos libros de teología y apologética. Nos aventuramos en la historia cristiana y estudiamos el credo cristiano. Aprendemos a manejar las Escrituras. Los demás sienten admiración ante nuestro interés en estas cuestiones, y pronto descubrimos que se nos pide opinión en público sobre diversas cuestiones relacionadas con lo cristiano; se nos invita a dirigir grupos de estudio, a presentar trabajos, a escribir artículos, y en general a aceptar responsabilidades, ya sea formales o informarles; a actuar como maestros y árbitros de ortodoxia en nuestro propio círculo cristiano. Los amigos nos aseguran que estiman grandemente nuestra contribución, y todo esto nos lleva a seguir explorando las verdades divinas, a fin de estar en condiciones de hacer frente a las demandas.
Todo esto es muy bello, pero el interés en la teología, el conocimiento acerca de Dios, y la capacidad de pensar con claridad y hablar bien sobre temas cristianos no tienen nada que ver con el conocimiento de Dios. Podemos saber tanto como Calvino acerca de Dios -más aún, si estudiamos diligentemente sus obras, tarde o temprano así ocurrirá- y sin embargo (a diferencia de Calvino, si se me permite), a lo mejor no conozcamos a Dios en absoluto.
J.I. Packer. El Conocimiento del Dios Santo.

Y El Arroyo de Querit se Secó

¿Porqué permite Dios que se seque el arroyo?
Para enseñarnos a confiar en Él, y no en sus dones.
Por regla general, Él no provee a su pueblo por mucho tiempo de la misma manera y por los mismos medios, no sea que confíe en éstos, y espere recibir ayuda de los mismos. Tarde o temprano Dios muestra cuánto dependemos de Él aun para recibir las mercedes cotidianas. Pero el corazón del profeta había de ser puesto a prueba, para ver si su confianza estribaba en Querit o en el Dios viviente. Así es en su trato con nosotros. Cuán a menudo creemos que confiamos en el Señor, cuando, en realidad, descansamos en circunstancias cómodas; y cuando se vuelven incómodas, ¿cuánta fe tenemos?
A.W. Pink La Vida de Elías